Para no tener que dedicarte a resolver tus verdaderos problemas:
- te inventás problemas inexistentes.
- te dedicás a debatir sobre problemas de otros.
- invertís tiempo y esfuerzo en problemas que sabés que no tienen solución.
Para no tener que dedicarte a resolver tus verdaderos problemas:
- te inventás problemas inexistentes.
- te dedicás a debatir sobre problemas de otros.
- invertís tiempo y esfuerzo en problemas que sabés que no tienen solución.
Sobre las victorias nunca se reflexiona. Sólo se festejan como si fueran propias aunque uno haya sido un simple espectador.
Los fracasos se comentan, se analizan, se desmenuzan y se hace todo lo posible para asegurarse de que la culpa caiga sobre cualquiera que no sea uno.
Por suerte, siempre hay algún chivo expiatorio de turno.
La infidelidad es eso que ocurre cuando sos fiel a vos mismo y respetás tus deseos.
A medida que el tiempo pasa, tu capacidad de cometer y repetir errores se va perfeccionando.
Cuando él reconoce que se equivocó le agradecés la honestidad. Pero queda claro que cuando sos vos el que se equivoca, la culpa es de él.
Las únicas ideas que considerás y que, según tu opinión, merecen ser tenidas en cuenta por todos son las tuyas.
Estás convencido de que tu autoestima está más alta. Lástima que en algún lugar de tu cabeza esté dando vueltas el pensamiento de que solo te diste por vencido. Te diste cuenta que hagas lo que hagas no hay chances de que cambies. Y no me vengas con un discurso sobre que ahora te aceptás como verdaderamente sos. La relación que tenés con tus defectos es la misma que tenés con tu tía, esa a la que cuando eras chico tu mamá te obligaba a darle un beso cuando venía de visita.
Una buena manera de promover el estudio de la ortografía es contar lo absurdamente superior que te hace sentir descubrir errores en lo que escriben los demás.
Lo que hace que le dediques tanto tiempo y tanta vehemencia a la crítica hacia lo que hacen los demás es la envidia. Querés ser vos el que esté en el medio de una historia de traiciones, mentiras y verguenza ajena.
Ofreces tu ayuda cuando estás absolutamente seguro que te van a decir que no, gracias, no hace falta.